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Azul

 Hoy de nuevo no sé qué pasa, me siento al borde de algo que conozco pero que a la vez no logro dimensionar. Quizá a punto de tener mi mejor vida, o a punto de morir; cualquiera de las dos circunstancias me aterra, me descoloca y me paraliza.  Últimamente los días son sombríos, no existen emociones o sentimientos que logren desajustarme del eje sobre el que he plantado mis pies en los 18 meses anteriores; si se tratase de una película, seguramente estaría atravesando los 30 minutos más aburridos, esos de relleno, se me ocurren muchísimos ejemplos, y siceremanete odio saber tanto al respecto. La sensación de correr a buscarla aún persiste, estoy llena de escalafríos por obligar a mi cuerpo y a mi mente a resistir su lejanía, una que cala hondo, que cada día es más dura, más castigable. Estoy segura que nadie nunca jamás la ha invocado tanto.  Por mi parte los trazos azules inundan otra vez el futuro, odio que se tan chillón, tan difícil de transitar. Ayer acaricié la idea ...

Paso la vida intentando escapar de nosotros

Existe una canción, la canción del dolor, la que me sujeta, me ata y luego me arrastra por toda la ciudad, con una eterna cadena que me jala cada cierto tiempo, cuando creo olvidar, cuando creo que la herida desapareció. Y sólo sangra más que la última, deshecha mis fuerzas para escapar, escapar de nosotras, porque "no es posible escapar si estás dentro de mí". Así que, hoy directamente escribiré de Lenny, ya sin resistencia, ganas ni pretextos para guardarme lo que me asfixia, que más da si siempre seremos una cuenta pendiente.  No sé si nos amamos, quizá en ello reside mi insistencia por nunca seguirle los pasos, o al menos intentarlo, sólo frente a los demás; porque a oscuras, en secreto y a la distancia, es el recuerdo que me llevaría al cruzar el Mar Carpio. Al final, ¿Yo qué puedo saber del amor? ¿Con qué derecho podría hablar del amor?  Ningún "te extraño" fue dirigido a ella, pensado sí, mil veces, más de tres mil días, muchos más. Mi argumento más ilógico h...

Mñeh

 Hace tiempo que la vida me parece intrascendente, como observador aciguo de palomas, sin ganas de alimentarlas, sin motivación para tener algún encuentro. Es algo que no sorprende, esa soga permanente y floja, que podrías rezar para nunca tensar.  La misma silla de siempre, en el bucle de las 100 canciones, las de la historia. Podría intentar someterme a procesos extraños y extranjeros, pararme a media plaza y gritar cuanto es que necesito compañía, cuanto lamento que las personas a las que cotidianamente amaba se marcharan; ojalá tuviera atorado en la garganta un sálvame a secas, ojalá quisiera pedir ayuda, oxigeno, abrazos. Lo cierto es que no siento nada, no me conmueven sus libros olvidados, ni sus camisas a medio usar; tampoco aquellos restos de amigos que algún día me habitaron.  Quisiera comenzar un viaje en el que pueda vivir y morir sola, asomarme a ese abismo día tras día ha sido lo que me mantiene en pie, no busco amor, no busco comprensión. A veces me siento ...

Sollemne mortis

 Las minutas ardientes colapsan al borde del cenicero. El cigarrillo deja de ser, muere y nunca más vuelve a tocar los labios amantes. Es de madrugada, el deshielo vela por sus últimos 30 segundos de vida, que en tres bocanadas significarán su muerte. Mañana no será siquiera nombrado, pero ahora aún sobra un minuto para asfixiar el oxígeno. El minuto dos, fue compartido por tres; que sin ser aliados, se afianzaron en la rutina salvaje de compartir el humo sagrado, envueltos en aquella costumbre de normativas sin lugar a dudas. La ansiedad se absorbe tras la cuarta línea de humo, trazada con sosiego; no existen aún preocupaciones por el final, el cigarrillo se siente confiado y juguetón. Danza en la espiral aérea, que le hace ser dueño del pequeño espacio sin destino, aún sin el tiempo contado. Su pilar al exterior yace entre los dedos índice y medio, gurús de los labios que trazan el Tic - Tac, para el cual fue creado. El fuego le devuelve la vida en dos segundos, mientras la madru...

El arte ecuestre

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El arte ecuestre Los deportes ecuestres son variados, comprenden desde la charrería, el rodeo y la doma vaquera, hasta pruebas de campo y de multijugador. Sin embargo, el polo y el salto hípico son los más antiguos, ya que datan del siglo XVIII aproximadamente. El polo, es también conocido como juego de reyes, dado a que fue creado por las tribus de Asia Central, y posteriormente adoptado como método de entrenamiento para la caballería élite de los reyes; así mismo, con el tiempo se convirtió en un pasatiempo para estos. Fue instaurado en Inglaterra en el año 1869, mientras que en Estados Unidos en 1876; pero hasta casi un siglo después, se incursionó en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936.  Dividido en períodos de siete minutos, llamados chukkers, cada juego puede tener una duración de entre cuatro y seis de estos, a través de los cuales se debe utilizar un caballo distinto. Cada equipo consta de cuatro jugadores: dos en ataque o delanteros, uno en centro de campo, y el otro co...

La muerte chiquita

He pensado en el suicidio incontables veces, desde los 12 años. Ha sido un pensamiento, que se convierte en ente y me abraza fuerte durante los días menos esperados. Y sinceramente en múltiples ocasiones me he perdido en la tentación de realizarlo, justo hace media hora lo anhelaba, por ejemplo. Vaya, seduzco a la muerte. La mayor parte del tiempo, me engancha la idea de saber qué se siente morir, y lo que pasa después: ¿Podré observar a los demás desde arriba, cuando se encuentren en mi funeral?, ¿Existirá el infierno?, ¿Duele morirse?, etc. Paso horas con ese tipo de reflexiones en mi cabeza, aún no existe una explicación que me deje satisfecha. La pulsión de vida y de muerte que se siente al menos unas cuantas veces en la vida, me explicaba una amiga, es lo que nos mantiene en nuestro centro, eso que nos hace sentir. Para lo cual, respondí que también existen muertes chiquitas, en las que algo que nos conformaba se apaga para siempre.  Somos a través de la percepción que nuestro...

Las seis vidas

La muerte es algo para lo que nunca estamos preparados, aunque estemos seguros de lo contrario. Es esa pieza blanca de ajedrez, que se coloca detrás del rey opositor, que sin importar la jugada o estrategia, siempre termina ganando la partida. Pero eso no lo es todo, además come una a una las piezas que lo rodean. Sin piedad, de a poquito, o de golpe, cualquiera que sea el tablero: el blanco siempre gana. Aún a pesar de ello, continuamos en la jugada, a la espera de un movimiento novedoso. A menudo, deseamos, que nuestro rey sea vencido de una manera majestuosa, una derrota triunfal. Porque para ser sinceros, sea cual sea, la vida del rey es inigualable, digna de reconocerse, al menos en la muerte. Y con ello, deseo referirme a los funerales, que son en extremo tristes y largos. Con un vaivén de recuerdos compartidos, o atesorados. El funeral, en el que las piececillas veneran al rey, pérdidas en manada. Es donde convergen viejos, grandes, infantes y una que otra cara de traición. To...