Mñeh

 Hace tiempo que la vida me parece intrascendente, como observador aciguo de palomas, sin ganas de alimentarlas, sin motivación para tener algún encuentro. Es algo que no sorprende, esa soga permanente y floja, que podrías rezar para nunca tensar. 

La misma silla de siempre, en el bucle de las 100 canciones, las de la historia. Podría intentar someterme a procesos extraños y extranjeros, pararme a media plaza y gritar cuanto es que necesito compañía, cuanto lamento que las personas a las que cotidianamente amaba se marcharan; ojalá tuviera atorado en la garganta un sálvame a secas, ojalá quisiera pedir ayuda, oxigeno, abrazos. Lo cierto es que no siento nada, no me conmueven sus libros olvidados, ni sus camisas a medio usar; tampoco aquellos restos de amigos que algún día me habitaron. 

Quisiera comenzar un viaje en el que pueda vivir y morir sola, asomarme a ese abismo día tras día ha sido lo que me mantiene en pie, no busco amor, no busco comprensión. A veces me siento celosa de aquellos que pueden sentir, de esas personas que presumen sus extensiones emocionales, luego me arrepiento porque sinceramente no creo una sola palabra. 

A menudo imagino que soy un cangrejo diminuto, que se cree dueño de una playa inmensa, una desconocida, en el fondo sé que sería insignificante, seguramente moriría aplastado por alguna sandalia, o lo que es peor entre el montón de basura humana. 

Hoy me atasqué de publicaciones en torno al suicidio, se me incrustaron a tal modo que me fue imposible levantar mi pensamiento de la cama. Memoricé hasta el hartazgo cada letra, y sigo insatisfecha. 

Hace mucho le prohibí a mi yo de 15 años hablar acerca de las ganas que tiene de morirse, porque ¿Cómo morir si aún no era nadie?, aunque el sentimiento le persista 16 años más, porque quizá el siguiente cumpleaños sea diferente, quizá el siguiente amor, la siguiente canción, una amiga más, en el próximo duelo. 

¿Será cuestión de obtener un título?, ¿Comprar un carro?, ¿Amar de verdad? 

Sólo quiero sentarme a la mesa, sin sentir culpa, sin saberme inferior. Quizá sólo alguien con quien jugar uno y que el vino me sepa a navidad. 



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