Azul
Hoy de nuevo no sé qué pasa, me siento al borde de algo que conozco pero que a la vez no logro dimensionar. Quizá a punto de tener mi mejor vida, o a punto de morir; cualquiera de las dos circunstancias me aterra, me descoloca y me paraliza.
Últimamente los días son sombríos, no existen emociones o sentimientos que logren desajustarme del eje sobre el que he plantado mis pies en los 18 meses anteriores; si se tratase de una película, seguramente estaría atravesando los 30 minutos más aburridos, esos de relleno, se me ocurren muchísimos ejemplos, y siceremanete odio saber tanto al respecto.
La sensación de correr a buscarla aún persiste, estoy llena de escalafríos por obligar a mi cuerpo y a mi mente a resistir su lejanía, una que cala hondo, que cada día es más dura, más castigable. Estoy segura que nadie nunca jamás la ha invocado tanto.
Por mi parte los trazos azules inundan otra vez el futuro, odio que se tan chillón, tan difícil de transitar. Ayer acaricié la idea de seguir mis impulsos, no funcionó, en su defecto me llené de aire, contuve mis manos ansiosas dentro de mis cobijas.
Resolver sudokus ya no funciona; además éste mes rescaté a un gato y una perrita, el primero falleció en mis manos, quizá debería escribir acerca de eso, en su lugar exasperó a mi computadora con la búsqueda inalcanzable de su nombre en las redes sociales, hasta que de pronto ya son las dos.
Ojalá pudiera migrar, de vida, de año, de corazón.
Pueden tomar esto como un intento desesperado en busca de ayuda, aunque realmente no sé qué necesito, soy un maldito gato moribundo, sólo que en mi caso ninguna persona me encontrará tirada a media calle y acariciará mis orejas hasta que deje de respirar.
Se siente tanto frío aquí.
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