Sollemne mortis
Las minutas ardientes colapsan al borde del cenicero. El cigarrillo deja de ser,
muere y nunca más vuelve a tocar los labios amantes. Es de madrugada, el
deshielo vela por sus últimos 30 segundos de vida, que en tres bocanadas
significarán su muerte. Mañana no será siquiera nombrado, pero ahora aún sobra
un minuto para asfixiar el oxígeno.
El minuto dos, fue compartido por tres; que sin ser aliados, se afianzaron en
la rutina salvaje de compartir el humo sagrado, envueltos en aquella costumbre de
normativas sin lugar a dudas.
La ansiedad se absorbe tras la cuarta línea de humo, trazada con sosiego; no
existen aún preocupaciones por el final, el cigarrillo se siente confiado y juguetón.
Danza en la espiral aérea, que le hace ser dueño del pequeño espacio sin destino,
aún sin el tiempo contado.
Su pilar al exterior yace entre los dedos índice y medio, gurús de los labios
que trazan el Tic - Tac, para el cual fue creado. El fuego le devuelve la vida en dos
segundos, mientras la madrugada le susurra que sólo existirá en cinco minutos.
La gitana no muy convencida, agita la caja, los cuenta en voz alta y lo selecciona. El
fin comenzó.
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